
Chiapas requiere de nuevas respuestas a sus necesidades públicas para integrarse plenamente al mundo desarrollado. Los jóvenes egresados del Programa Nuevos Liderazgos Políticos 2008 deberán analizar, discutir y formular propuestas de política pública como las respuestas que da la nueva generación de dirigentes chiapanecos a sus problemas públicos.

Estas propuestas serán presentadas a partir de la profunda reflexión de los temas clave que están configurando la agenda pública del Estado, y serán identificados como problemas públicos que deben pensarse como asuntos prioritarios que conciernen a toda la sociedad chiapaneca; por lo tanto, los ciudadanos contribuyentes no tendrían objeción alguna en aceptar que se destinase parte del erario para desplazar dicho problema o aminorarlo. También podrán proponerse nuevos temas para su inclusión en la agenda, pero deben ser construidos de tal forma que beneficie o competa a todos y cada uno de los ciudadanos chiapanecos, es decir que sus propuestas incluyan asuntos efectivamente públicos.

A continuación reproduzco la argumentación de una magnífica propuesta de política pública encontrada en la World Library and Information Congress con un tema que nadie dejaría de suscribir como prioritario si hablamos de desarrollo:
La lectura y la escritura como política pública
"Pensar la lectura y la escritura como un asunto de política pública implica reconocer que éstas no tienen un valor neutral, sino que están ligadas a procesos sociales que las convierten en una poderosa herramienta para la democratización y la participación social.
Con todo, resulta imperativo superar la idea según la cual el problema consiste en formular la «política correcta» y luego convocar a los distintos actores sociales, cuyo papel consistiría únicamente en poner en marcha la ejecución de aquella. Esta concepción limitada de las políticas públicas ha llevado a diseñar políticas en abstracto, como si se tratara solamente de un ejercicio intelectual, y a olvidar que la determinación acerca de la relevancia y el interés público de un problema - y su consecuente inclusión en el campo de las políticas- es el resultado de un proceso complejo, en el que entran en competencia diversas representaciones e intereses.
En este sentido, es necesario adoptar una perspectiva mucho más amplia de la política pública, que dé cuenta del carácter dinámico y conflictivo del proceso mediante el cual se configura una acción pública frente a una situación social que se pretende transformar.
Desde una perspectiva de este tipo, el proceso debe estar orientado hacia la creación de condiciones que garanticen la participación, la confrontación y la negociación de las representaciones e intereses de los actores implicados en todas las etapas de gestión de la política, más que en la imposición de la «política correcta» por parte de algunos de los actores implicados. Este fue precisamente el espíritu que inspiró la Reunión de Cartagena.
La formulación de una política pública contempla dos dimensiones fundamentales: por un lado, una representación o imagen social de la realidad sobre la cual se desea intervenir y unos principios que fundamentan la acción; por otro, un conjunto de medios y procesos organizativos, financieros, administrativos, jurídicos y humanos, que hacen que una política no se quede solamente en el plano intelectual, sino que tome forma en procesos sociales concretos. Estas dos dimensiones también deben estar presentes en la formulación de una política de lectura y escritura.
Leer y escribir son prácticas culturales que, como tales, están atravesadas por procesos históricos y sociales que las hacen necesariamente cambiantes y diversas; prácticas que se encuentran en un proceso de mutación, como consecuencia de los cambios en el sistema de valores y en las nuevas dinámicas sociales asociadas con la globalización, así como por las transformaciones que se están dando en la esfera simbólica debido a la acción de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Desde una perspectiva de política pública, la lectura y la escritura deben considerarse no sólo un problema pedagógico o una práctica individual, sino, ante todo, una práctica profundamente socializada.
Como tantas otras prácticas culturales, los actos de leer y escribir están atravesados por motivaciones y representaciones sociales, no escapan a los determinantes económicos, tecnológicos o institucionales y se traducen en un amplio repertorio de prácticas y modalidades diversas. Una política pública de lectura y escritura, que pretenda servir como instrumento de inclusión social, no puede adoptar una concepción unívoca y excluyente de estas prácticas. Por el
contrario, debe estar abierta a reconocer que no existe una forma privilegiada de leer y de escribir común a todos, puesto que el disímil universo de actores sociales pone en práctica distintas formas de leer y escribir -lecturas y escrituras- con valoraciones, finalidades y expectativas muy diferentes. Si es cierto que una política pública de lectura y escritura no podría
concebirse sin un liderazgo decidido de parte del Estado, también lo es que ni su formulación ni su gestión pueden ser una responsabilidad exclusivamente estatal.
contrario, debe estar abierta a reconocer que no existe una forma privilegiada de leer y de escribir común a todos, puesto que el disímil universo de actores sociales pone en práctica distintas formas de leer y escribir -lecturas y escrituras- con valoraciones, finalidades y expectativas muy diferentes. Si es cierto que una política pública de lectura y escritura no podría
concebirse sin un liderazgo decidido de parte del Estado, también lo es que ni su formulación ni su gestión pueden ser una responsabilidad exclusivamente estatal.
Si entendemos lo público como el punto de encuentro de los intereses colectivos, las políticas públicas deben entenderse como toda forma de acción organizada que persigue objetivos de interés común, más que como el conjunto de las acciones estatales. Las políticas de lectura deben reconocer el papel clave que han tenido -y deben seguir teniendo- las instituciones, las fundaciones, los organismos internacionales y las organizaciones de la sociedad civil en el desarrollo de una cultura escrita en la región."
Para una lectura completa: http://www.ifla.org/IV/ifla71/papers/144s-Souza.pdf.
Espero sea inspirador a sus propuestas.
GL