martes, 13 de mayo de 2008

Presentación del libro




El síntoma comunitario: entre polis y mercado

José Miguel Marinas (UCM)
17 de mayo 2008
16:30 horas, Biblioteca Unach
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

● Las formas de integración y de acción política parecen girar hoy en torno a un eje: el que separa la mera pertenencia de la fundación o compromiso activo.
● Las comunidades no son naturales, no son resultado del linaje o del suelo, sino que la comunidad política requiere —para constituirse y funcionar— de una voluntad de compromiso y responsabilidad: esa es la communitas, o comunidad de fundación.Esto implica revisar el modo de pensar lo político que compartimos.

● Reconociendo que existe hoy un vaciamiento del sentido de los vínculos de la polis, al que llamo el síntoma comunitario.
El punto de partida: el síntoma comunitario hemos de verlo en los aspectos académicos (debate comunitarismo / liberalismo) así como en la paradoja del “comunitarismo vivido”: síntoma comunitario que es como una tensión entre un lastre (la nostalgia de los orígenes) y un proyecto —la definición de lo comunitario no como una fase social, sino como una forma moral de pensar lo político en su momento fundante.

Me refiero al hilo conductor que va del síntoma comunitario al cuestionamiento del vínculo social desde una posible ética del don (en el sentido que va de Mauss a los filósofos morales y políticos sobre todo en contexto europeo actual). Este concepto, de origen antropológico, como es sabido, vuelve ahora, especialmente en la última década, como marco filosófico moral. El que los sujetos o los grupos se vinculen entre sí fundando formas nuevas de relación (regidas por la obligación de recibir, de corresponder y de superar lo recibido) nos ayuda a ver lo comunitario no como un atavismo sino como una forma o “estructura elemental“ dde lo político. La utilidad heurística de este recurso radica, a mi juicio, en ayudarnos a representar el vínculo social, el núcleo de la polis, de otro modo:

La lógica del don, del munus, que circula y obliga más allá del mercado —o por otra vía— entiende la forma de vinculación o de communitas (cum-munus), como una forma de ideal regulador de la civilidad. Es capaz de someter a criba la ideología del carácter organicista y determinista del mercado, en la fase del llamado capitalismo de consumo. “Comunidad”, en este contexto, se dice de diversos modos y puede ser interesante considerarla como síntoma y a la vez como estilo de vida moral, plural y abierta, en el contexto de los procesos de exclusión e inclusión globalizadores.
El síntoma comunitario, constituido por las formas de identificación y la adhesión a valores que tienen que ver con el origen, con la añoranza de un espacio de solidaridad e interacción propios del momento preindustrial (tildado de más solidario, más auténtico), produce formas de vinculación que, no hay que olvidar, se dan en el contexto de una sociedad globalizada, configurada por la ética del mercado (capitalismo de consumo) y por la fragmentación individualista.

Este síntoma, solución de compromiso entre añoranza y posmodernidad, permite abordar una realidad más amplia en lo ético y lo político. Nos permite caracterizar lo que podemos llamar el vaciamiento de lo político: Momento de opacidad o de irreflexividad en el discurso público que no deja de tener que ver con el concepto arendtiano de la “desaparición de lo político”, por cuanto que este veta su cuestionamiento fundante en nombre de la eficacia o de los juegos de poder. Se trata, avancémoslo, de una dimensión del síntoma en la medida en que trae algo más que el clásico déficit de legitimación. En efecto: si antes se percibía una distancia difícilmente salvable (Habermas) entre lo sistémico y los llamados mundos de la vida cotidiana, ahora, con la sucesión de formas aparentemente atávicas, con los diversos fundamentalismos, con la reivindicación urgida de formas comunales o grupales que ofrecen un espacio fusiona el efecto deficitario que parece haberse agudizado. Entrar a fondo en las dimensiones del síntoma es el objetivo de este libro.
JOSÉ MIGUEL MARINAS

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